Examinar el comportamiento del niño

De CNB
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Conozca el paradero de niños y adolescentes, qué hacen y con quién, y bríndeles una supervisión apropiada.

Resultados de investigación[editar | editar código]

El conocimiento que tengan los adultos del lugar donde se encuentren los niños y con quién interactúan contribuye a evitar problemas de conducta. Cuando los padres y los maestros saben lo que sus hijos o estudiantes están haciendo, entonces pueden detectar el momento en que un niño empieza a involucrarse en actividades que pueden ponerlo en riesgo. De esta forma, los adultos reducen las oportunidades de que se presenten problemas, al alejar a sus hijos de situaciones de riesgo. Al mismo tiempo, pueden dar un reforzamiento positivo para una conducta adecuada, así como alertarlos acerca de las consecuencias negativas efectivas, en los casos en que los niños violen reglas o expectativas.

La investigación muestra que los adolescentes son más propensos a experimentar con alcohol, tabaco y otras drogas si se encuentran en su casa o en casa de algún amigo sin la presencia de adultos. En las escuelas, la conducta social agresiva tiene más probabilidades de ocurrir si la supervisión de los adultos es reducida, sobre todo en el patio de la escuela o en los pasillos, donde por lo general no hay adultos. De la misma forma, la actividad delictiva tiene más probabilidades de ocurrir por las tardes, cuando la supervisión no es tan estricta como por las mañanas. Además, si los padres tienen conocimiento de lo que el niño o el adolescente hace diariamente, existe mayor probabilidad de que sus hijos no harán alianzas con compañeros viciosos ni se involucrarán en diferentes conductas problemáticas. Es más probable que los adolescentes que tienen amigos que infringen la ley, que fuman o que consumen drogas ilegales también terminen haciéndolo, a diferencia de aquellos adolescentes cuyos amigos no estén inmersos en conductas problemáticas.

En la escuela y en la comunidad[editar | editar código]

  • Alentar que los padres pregunten a sus hijos dónde estarán, qué harán y con quién, de una manera que no sea considerada como un interrogatorio. Estas preguntas son de especial importancia durante los años de la adolescencia, cuando los jóvenes se vuelven más independientes y pasan más tiempo fuera de casa.
  • Un niño deberá recibir gradualmente una mayor autonomía durante la adolescencia. Al mismo tiempo, los adultos deberán hacer elecciones informadas, respecto a cuánta independencia deberán otorgarle y bajo qué condiciones.
  • Alentar a los niños a tener amigos que no estén involucrados en conductas problemáticas.
  • Evitar que se formen grupos de adolescentes con problemas de conducta sin supervisión. Los niños pueden aprender conductas problemáticas de otros niños y alentarse mutuamente a comportarse de manera inapropiada. Cuando estos grupos se forman, se deberá supervisarlos estrechamente para evitar que los jóvenes promuevan una mala conducta entre sus compañeros.
  • Impulsar actividades que los niños y adolescentes disfruten, y que requieran de la supervisión de algún adulto. Las actividades recreativas supervisadas dan a los jóvenes la oportunidad de interactuar con sus compañeros y, también, mantienen a los niños alejados de situaciones que pueden tentarlos a experimentar el consumo del tabaco, las drogas, el alcohol o las conductas sexuales riesgosas.
  • Limitar la cantidad de tiempo que los niños pasan, durante el día, fuera de la escuela sin la supervisión de un adulto. Pedir a los estudiantes que permanezcan en las instalaciones de la escuela, en sitios con supervisión, y ofrecerles programas extraescolares supervisados por adultos. Los deportes, el servicio a la comunidad y (para adolescentes de más edad) el empleo proporcionan actividades gratificantes que involucran la supervisión de un adulto.

Referencias[editar | editar código]

  1. Coie, J.; Miller-Johnson, S. (2001). "Peer factors and interventions", en Loeber, R.; Farrington, D., eds. Serious and violent juvenile offenders, pp. 191-210. Thousand Oaks, CA, Sage Publications.
  2. Dishion, T.; McMahon, R. (1998). "Parental monitoring and the prevention of child and adolescent problem behavior: a conceptual and empirical formulation". Clinical child and family psychology review (New York, NY), vol. 1, pp. 61-75.