Clima afectivo en el aula

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Niño preescolar pinta con crayones en cartulina.

El clima afectivo en el aula es una condición básica para garantizar el desarrollo y un ambiente de felicidad para los y las menores, éste se logra por medio del respeto y del cuidado hacia cada uno de ellos, por lo que es necesario:

  • transmitirles seguridad en el desarrollo de su capacidad para solucionar conflictos;
  • hacerles sentir que son estimados y estimadas;
  • hacerles ver que se valoran sus esfuerzos;
  • reforzar las relaciones grupales por medio de tareas compartidas;
  • permitirles actuar con autonomía.

La creación de vínculos afectivos proporciona al estudiante equilibrio emocional y redunda positivamente en una mayor disponibilidad para el establecimiento de relaciones sanas (familiares, sociales laborales y otras), mismas que son consideradas como base para la motivación, el aprendizaje, y la formación de la autoestima. El clima emocional positivo, para los estudiantes, se ve reflejado en las buenas relaciones que observan entre los miembros de su familia y en la actitud de cooperación entre docentes y otras personas que interactúan en la escuela.

Es decir que la forma en que los adultos se relacionan entre sí es la mejor influencia para que los estudiantes aprendan a resolver problemas. Cabe mencionar que las experiencias en la vida emocional que el estudiante vive durante los primeros años de vida son de gran importancia para su desarrollo afectivo y social. Este nivel de educación favorece las vías de socialización al permitir de forma lenta y organizada que los estudiantes ingresen en un contexto de interacción con otros menores, así como con adultos que no son los de su entorno familiar cotidiano.

Cada uno de los adultos que participa en el proceso educativo deberá manifestar una actitud de respeto y confianza hacia los estudiantes y de estima y afecto hacia la comunidad y las familias. Estas actitudes permitirán a padres y madres sentirse interesados e involucrados en el proceso educativo de sus hijos.

Espacio vital en el que se desarrolla el ser humano. Conjunto de estímulos que condicionan al ser humano desde el momento mismo de su concepción.

Término utilizado, a menudo, como un saber hacer. Se suele aceptar que, por orden creciente, en primer lugar estaría la habilidad, en segundo lugar la capacidad, y la competencia se situaría a un nivel superior e integrador. Capacidad es, en principio, la aptitud para hacer algo. Todo un conjunto de verbos en infinitivo expresan capacidades (analizar, comparar, clasificar, etc.), que se manifiestan a través de determinados contenidos (analizar algo, comparar cosas, clasificar objetos, etc.). Por eso son, en gran medida, transversales, susceptibles de ser empleadas con distintos contenidos. Una competencia moviliza diferentes capacidades y diferentes contenidos en una situación. La competencia es una capacidad compleja, distinta de un saber rutinario o de mera aplicación.

Valoración, respeto y seguridad que cada persona tiene sobre sí misma, se construye y fortalece por medio de mensajes positivos de cariño y aceptación.