Caracterización del Nivel de Educación Preprimaria

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Revisión actual del 21:14 5 abr 2023

El Nivel de Educación Preprimaria, se caracteriza por cumplir una doble finalidad: la socialización del ser humano y la estimulación de los procesos evolutivos. Se entiende por socialización el proceso de incorporación, a la conducta de las personas, de normas que rigen la convivencia social y su transformación para satisfacer necesidades e intereses individuales: pautas, normas, hábitos, actitudes y valores que se adquieren en la interacción con otros y otras: solidaridad, espíritu de cooperación y respeto. Su finalidad es que los estudiantes se reconozcan como seres con identidad personal y como sujetos sociales.

La estimulación de los procesos evolutivos se centra en los aspectos psicológicos que configuran el crecimiento y desarrollo de una persona. Esto implica propiciar situaciones en las que sea indispensable utilizar los esquemas de conocimiento para apropiarse de los elementos de su cultura, adaptarse al medio y ejercer una actividad creativa susceptible, incluso, de modificar ese mismo medio y progresar así en la autonomía personal y en el espíritu crítico.

Es en esta etapa de la vida en la que se establecen las bases y los fundamentos esenciales para todo el posterior desarrollo del comportamiento humano, así como la existencia de grandes reservas y posibilidades que en ella existen para la formación de diversas capacidades, cualidades personales y el establecimiento inicial de rasgos del carácter.

También se forma la personalidad tomando como base la plasticidad que tiene el cerebro infantil. De esa manera, la socialización y la estimulación desarrolladas en forma simultánea permiten preparar a los estudiantes para la vida y para la adquisición de aprendizajes permanentes.

Niñas y niños de preprimaria con megalibros

Es importante hacer notar que se considera de vital importancia el rol que el docente desempeña, como guía, orientador e «interlocutor privilegiado en este diálogo educacional; él es quien ha de poner en funcionamiento, en cada situación escolar, una programación de actividades unitaria y precisa y conocer el alcance de sus planteamientos en relación con la situación y actitud de cada niño.»[1]

La educación preprimaria en Guatemala se fundamenta en las leyes que en materia educativa existen en el país, constituye un compromiso y un derecho para la infancia y se caracteriza por ser «abierta e integral». Abierta, porque mantiene un intercambio permanente con la comunidad en la que se inserta y con la familia en particular, realizando con ambas una tarea compartida. Integral porque la niña y el niño son considerados en todos los aspectos de su personalidad, propicia un entorno social afectivo, condiciones de saneamiento básico, alimentación y nutrición adecuadas a la edad de los estudiantes, prestación de servicios preventivos y remediales de salud integral.

Además, parte de su contexto sociocultural y lingüístico y porque la educación se integra y se relaciona con las necesidades y posibilidades del medio circundante.

La Educación preprimaria, cuando cumple con su responsabilidad educativa, se convierte en un factor central en los procesos de democratización social; porque al garantizar espacios equitativos de aprendizaje y desarrollo, sienta las bases para el devenir futuro de la sociedad al concretar efectivamente los derechos ciudadanos.

La educación preprimaria también garantiza la preparación de los adultos que interactúan con los estudiantes de manera que se respeten y atiendan las diferencias individuales y se favorezca la atención al proceso educativo desde el propio momento del nacimiento. El nivel en que se desarrolle esta interacción dependerá del grado en que padres, madres y docentes trabajen cooperativamente, demostrando así, más sentido de compromiso, más dinamismo en la organización de actividades dentro del centro escolar.

Caracterización de los estudiantes de 4 a 6 años[editar | editar código]

Niño parado, sonríe a la cámara

El Nivel de Educación Preprimaria recibe estudiantes que atraviesan el final de una de las crisis propias del desarrollo. Se les ha llamado así, Crisis del desarrollo, porque durante ellas se produce un enfrentamiento entre las posibilidades psicológicas y fisiológicas del niño y de la niña en crecimiento y la forma como reaccionan. En esta etapa se da una alta impresionabilidad y emocionalidad debido a que el proceso de mielinización, que consiste en el recubrimiento de los nervios por una capa de mielina, evita que se produzcan descargas eléctricas e influye en que tanto los estudiantes puedan tener períodos de concentración cada vez más largos. Dicho proceso no ha concluido, lo cual provoca ciertos desequilibrios en sus reacciones. La relación entre el desarrollo físico-motor, de la actividad nerviosa superior y de la actividad psíquica es tan estrecha, que fácilmente se observan transformaciones en breves períodos y la incidencia de numerosos períodos de sensitividad, lo cual da lugar a que se establezca un sistema de demandas cuya característica principal es que los estudiantes confronten la aparición de necesidades nuevas e intereses. También se puede observar una marcada necesidad de relación estrecha con el adulto, tanto desde el punto de vista emocional como cognoscitivo.

Durante este periodo amplían sus posibilidades de relación con el surgimiento de los sentimientos de colectividad, asumen una actitud solícita hacia los menores, se humanizan y sensibilizan, se entristecen cuando los otros están tristes. Los hábitos de cortesía alcanzan mayor complejidad: piden por favor y dan las gracias, saludan y se despiden, comparten sus juguetes y ayudan a los demás. Curiosamente, esto es lo que les permite participar en diferentes tipos de actividades.

Ante esas «crisis» se ha descubierto que hay actividades que propician ese desarrollo más que otras por lo que se les ha denominado «actividades rectoras». Se ha comprobado que el juego de roles es la actividad rectora por excelencia en esta etapa de crecimiento.

Permite integrar todos los tipos de acción educativa y presenta, por sus características, el conjunto más deseable de condiciones educativas que pueden encontrarse: es motivador y placentero, garantiza la actividad de los estudiantes, es variado -esto permite integrar todas las modalidades de aprendizaje-. Facilita el aprendizaje social y permite todo tipo de relaciones entre iguales y entre seres humanos que pertenecen a diferentes grupos etareos. Además, permite el intercambio de roles y funciones[2].

También se intensifica una proyección hacia el estudio; los estudiantes pueden concentrarse en la tarea de empezar a buscar su propio lugar en el mundo: se expresan, se comunican, experimentan, descubren, imitan, repiten en diferentes contextos y situaciones. Desarrollan nuevas técnicas intelectuales.

El pensamiento visual por medio del cual logran representar mentalmente imágenes de los objetos que los rodean, es característico de esta etapa del desarrollo.

Notas[editar | editar código]

  1. Ma. M. Prieto, 1989, página 114. (Nota del editor: cita intrazable).
  2. J:L Castillejo; 1989, página 28. (Nota del editor: referencia intrazable).

Incitación o excitación para iniciar o para avivar una actividad.

Las “promesas” que los miembros de un equipo hacen uno al otro sobre su comportamiento.

En el continuo de coaching es el rol de ser muy directo y enseñar, mostrar, guiar, etc.

Función por la cual se nutren los seres vivos. Suministro de las sustancias necesarias para aportar energía, para reponer las sustancias que se han perdido o para crecer.

Crecimiento o aumento en el orden físico, intelectual o moral.