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Los niños se benefician de una relación padre-hijo que es verbalmente rica y emocionalmente de apoyo.

Resultados de la investigaciónEditar

El desarrollo del lenguaje comienza al nacer y se centra en las interacciones del niño con sus padres. Varias interacciones padre-hijo[1] son importantes para preparar al niño a aprender en la escuela: hablar con el niño, escuchar atentamente al niño, leer a los niños y escucharlos leer, hablar de lo que el padre y el niño están leyendo, contar historias, conversar diariamente y escribir cartas. Es difícil separar las interacciones verbales de los lazos emocionales y afectivos que las acompañan. Por esta razón, las expresiones de afecto de los padres se incluyen con las actividades verbales como esenciales para la relación padre-hijo. También es importante una demostración constante por parte de los padres de que el aprendizaje es una parte natural de la vida, gozosa en sí misma, parte de la experiencia familiar y especialmente estimulante cuando se encuentra en lugares como museos, zoológicos y lugares históricos.

AplicaciónEditar

¿Acaso no todas las familias hablan de los acontecimientos cotidianos? Tal vez, pero hay una gran variación en la calidad y cantidad de esa interacción. ¿El tono subyacente de la conversación, es positivo y de apoyo? ¿La conversación fluye en ambas direcciones, entre padres e hijos? ¿Ambos escuchan tanto como hablan? A medida que los niños crecen, el tiempo de conversación con los padres puede disminuir. Las rutinas clave diarias, como una cena relajada, proporcionan la oportunidad continuada para la conversación de la familia.

Un vínculo emocional consistente entre padre e hijo, demostrado en expresiones de afecto, equipa psicológicamente al niño para resolver las tensiones y los desafíos de la vida fuera del hogar, especialmente en la escuela. El afecto es también un lubricante social para la familia, que consolida las relaciones y ayuda a los niños a desarrollar actitudes positivas sobre la escuela y el aprendizaje.

Cuando las familias hablan acerca de los libros, periódicos, revistas y programas de televisión se regala a las mentes de los niños el deleite de la investigación verbal. El drama de los acontecimientos que se desarrollan y el choque de opiniones diferentes abren las puertas al esfuerzo intelectual de los niños. La curiosidad se mantiene viva. El estímulo del deseo del niño de descubrir, de pensar en situaciones nuevas y de intercambiar opiniones, es fomentado también por visitas familiares a bibliotecas, museos, zoológicos, sitios históricos y eventos culturales.

El vocabulario es la piedra angular del pensamiento y la expresión. A todos los niños pequeños les encanta probar nuevas palabras. En algunas familias, se fomenta la exploración con palabras; de hecho, es una fuente continua de placer familiar. Sin embargo, algunos niños están expuestos al ridículo cuando pronuncian mal o malinterpretan una palabra nueva; su amor por las palabras puede ser extinguido, y pueden sentirse obligados a aferrarse a un vocabulario limitado.

Los padres pueden aprender, a través de técnicas de juego de roles, a ser buenos oyentes con sus hijos, a extender el minucioso diálogo diario en conversaciones familiares ricas y a jugar juegos de palabras que promuevan un interés en el vocabulario. También se les puede animar a visitar museos y otros lugares estimulantes y a comprometer a sus hijos en la emoción del descubrimiento. Los padres pueden incluso aprender la importancia del contacto cariñoso con sus hijos, especialmente en momentos en que el niño puede estar temeroso o ansioso, al salir de la casa por la mañana y al ir a dormir por la noche, por ejemplo.

Las familias ocupadas pueden perder el hábito de la conversación diaria. Pedir a los padres que pasen por lo menos un minuto cada día en conversación privada con cada niño, principalmente escuchar a los niños hablar de su día sin distracción de otros miembros de la familia o de la televisión, demostrará cuán raros y preciosos pueden ser esos momentos. Compartir estas experiencias con otros padres, en grupos pequeños, amplifica su impacto.

ReferenciasEditar

  1. Becher, R.M. 1984. Parent involvement: a review of research and principles of successful practice. Washington, DC, National Institute of Education.
  2. Kellaghan, T., et al. 1993. The home environment and school learning: promoting parental involvement in the education of children. San Francisco, Jossey-Bass.
  3. Rutter, M. 1990. “Psychosocial resilience and protective mechanisms.” In: Rolf, J., et al., eds. Risk and protective factors in the development of psychopathology, p. 181–214. New York, Cambridge University Press.
  1. Nota de traducción: se usa aquí las expresiones en género masculino gramatical para facilitar la lectura, pero sin implicaciones específicas de género real.

Conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente (DRAE). Facultad que sirve para establecer comunicación en un entorno social, se le considera como un instrumento del pensamiento para representar, categorizar y comprender la realidad, regular la conducta propia y de alguna manera, influir en los demás.

Lo que estimula o incita a hacer algo.

Se refiere a la persona que escucha a otro.

El género es un conjunto de valores, creencias e ideas sobre los comportamientos y actividades que en una determinada cultura son adecuados para las mujeres y los que son adecuados para los hombres, es decir, su identificación con la femineidad y con la masculinidad.