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< Serie prácticas educativas‎ | 32. Filosofía para niños
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En muchos países, gran parte de la enseñanza en el aula consiste en que el docente dé información a los alumnos y luego haga preguntas de la clase para verificar la comprensión o buscar alguna ampliación de las ideas básicas. El problema aquí es que hay demasiados niños de los que ocuparse, y el maestro a menudo acaba eligiendo a los mismos niños para que hagan comentarios. Además, dada la presión del tiempo, el maestro a menudo formula sus preguntas de una manera simple, invitando solo a una respuesta de sí o no, y da poco tiempo a los niños para esforzarse a expresarse. En consecuencia, lo que el maestro obtiene es lo que los niños ya saben, no lo que están tratando de entender.

Algunos docentes conocen el aprendizaje cooperativo, la tutoría entre iguales y otras formas de aprendizaje entre iguales, que enfatizan la conversación entre alumnos más que con el maestro. Por supuesto, hablar con un compañero no ofrecerá la calidad de interacción que tendría hablar con un maestro, pero los compañeros están mucho más disponibles. El problema aquí es que los maestros a menudo no tienen tiempo para estructurar las interacciones entre los alumnos de la manera más productiva. Pueden decir que están aprendiendo entre iguales, pero una persona ajena a su clase puede ver fácilmente cómo se puede mejorar mucho el aprendizaje entre iguales.

La Filosofía para Niños (también conocida como P4C, por sus siglas en inglés) puede ayudar a desarrollar el aprendizaje cooperativo y entre iguales y transformarlos en un método para desarrollar habilidades de pensamiento crítico y creativo. El propósito de este cuaderno es describir qué es la Filosofía para Niños (P4C) y cómo implementarla en el aula. Consta de siete secciones, cada una con un principio, y un breve resumen de los hallazgos de la investigación, una descripción de las aplicaciones prácticas en el aula y sugerencias de lecturas adicionales.

En la primera sección consideramos la efectividad de P4C y cómo comenzar a implementarla en un aula – con diferenciación según la edad de los estudiantes. En la segunda sección describimos cómo hacerlo –y se presenta un ejemplo práctico. En la tercera, ampliamos esto para considerar cómo la P4C puede desarrollar áreas sociales y emocionales. En la cuarta describimos la extensión de estos principios para formar una comunidad de indagación en el aula. Sin embargo, en este punto, el trabajo está a medio hacer.

En la quinta sección, hablamos sobre cómo los docentes pueden animar a los estudiantes a reflexionar sobre la naturaleza de su propio pensamiento, para poder regularlo mejor en el futuro – es decir, para desarrollar la metacognición. Después, en la sexta sección, consideramos cómo garantizar que los efectos de la P4C duren en el tiempo, incluso cuando los estudiantes ya no la experimenten en clase y tal vez estén en una nueva escuela – “mantenimiento”. En la séptima sección, veremos cómo garantizar que los efectos de P4C operen fuera de la clase de P4C –en otras clases esa semana, ya sea con el mismo maestro o uno diferente, y más allá de la escuela en eventos en casa y en la comunidad – “generalización”. En la octava sección, reflexionamos sobre cómo los maestros pueden mantener los efectos de P4C a medida que los estudiantes se hacen adultos y potencialmente se convierten en ciudadanos comprometidos – y cómo sus opiniones pueden mantenerse equilibradas y respaldadas por razones. Finalmente, en la Conclusión consideramos en qué circunstancias el programa P4C es válido y fiable.